27 de abril de 2017

Punto esquizoide

El cuerpo se vuelve sangre, la carne se vuelve polvo, efímero pero denso, capaz de nublar la vista del mejor observador. Con la mirada fija en la nada, la espera se vuelve la bomba-reloj más letal y genocida de la historia, esperar, esperar, esperar... ¿Esperar qué?¿Esperar cuánto?¿Cómo se hace para esperar sin entrar en un estado de esquizofrenia tipo siglo veinte?¿Cómo dejar de hablarme sólo?
Nunca sentí el pánico que siento en estos momentos, el vértigo en su mayor expresión a la nada misma, como si la vida se convirtiera en un abismo y el único paracaídas no está al alcance de la mano, o eso pareciera. Será entonces que el futuro tiene deparado algún tipo de terror innombrable sobre nuestras sienes o será que quizás nunca nos animamos a enfrentar la realidad por miedo a no poder dominar la mayor parte de sus aspectos, y volvemos a la escritura lineal, donde desaparece por arte de magia el hombre y su faz creativa, desaparece, se esfuma, como ese polvo que era carne.
Los versos cortos, los poemas desechados, las canciones molidas a palos, los avatares de la vida, la mafia, el desagrado, el desamor, el desencuentro, las palabras que salen como chorros de tinta en medio de una pantalla inmóvil que no deja más que ver el mínimo reflejo de lo que pasa en mi cabezaq en este momento, será que a veces no soy tan determinante como debería, será. Pero si alguna vez lo fuese, ¿se imaginan hasta que punto puedo llegar?¿Alguna vez fantasearon con la muerte? Quien no lo haya hecho no ha vivido, o por lo menos ha vivido enajenado de su propia existencia. Es la muerte el fin de todo, no es la solución, pero si con ella desaparece el dolor, el dolor propio claro está. Pero hay otra fantasía mucho peor, cuando uno fantasea la muerte ajena, dónde uno juega a ser DIOS, porque creo que ahí está el meollo de la cuestión, todas las religiones te incitan a fantasear con la perfección, con controlarlo todo, con dominar la vida de los demças, con que seas un DIOS y en ese momento aparecen los homicidas, los violadores, los corruptores de menores, hasta los suicidas: todos con el poder, o mejor dicho, con el derecho adquirido de hacer sobre los demás lo que se les plazca.
En qué punto estaré parado que ya ni fantaseo con eso, el deseo es estéril, mi cara se va derritiendo segundo a segundo, como aquella imagen de Homero cuando se olvida de levantar a Bart luego del entrenamiento de fútbol, ¿se acuerdan? Sino veanla, veanla varias veces, sientan sobre su piel lo que siento en este momento, siento que soy un calvo que sus mejillas caen a los costados como cera caliente, los cuencos de los ojos vacíos, ciegos, llenos de nada, la boca deformándose a cada palabra. Los dedos ya piden basta. ¡Pero si recién arrancamos! Aunque no se hasta qué punto pueda seguir, a dónde me va a llevar esto. Deje los papeles hace rato, la las lapiceras y los lápices los cambié por punteros y teclados, sin embargo los extraño.
Extraño algo pero no se que es.
Qué será lo que extraña un hombre cuando todo su pasado ahora es recuerdo, lo vivo y lo muerto se fusionaron en el mismo vacío existencial plagado de angustia y ansiedad.
Terror.
Pánico escénico.
¡CAGÓN! Cuantas veces me lo gritaron, me lo dijeron o me lo dieron a entender.
Punto seguido.
No, será punto y aparte.