18 de noviembre de 2017

El extraño

Era un chiste de mal gusto. Ya no servía para romper el hielo como antiguamente, en su adolescencia, lo solía hacer. Pero ya no había vuelta atrás, sus palabras lo habían dejado al desnudo y su rostro no dejaba de mostrar impaciencia. El sudor empezaba a caer en su cara. Los ojos buscaban aunque sea un atisbo de sonrisa cómplice en el ambiente. Nadie reía, nadie hacia una mueca. El aire se tornaba frío y su cabeza no hacía más que taladrar. Taladrábase a sí misma. Ya no pensaba, solo respiraba. La respiración se tornaba repetitiva y frenética, parecía una embarazada a punto de parir. El silencio enfriaba cada vez más el aire.
Alguien habló.
¿El mundo dejó de dar vueltas? Tal vez no, pero para él si. Se creía salvado, aunque por dentro sentía una marca similar a la que llevan las vacas cuando el ganadero se las apropia.
Nadie le prestaba ya atención, volvía a ser un cero a la izquierda en aquella "reunión de la 'alta sociedad'"... El mundo era nuevo, descubría cada significado minuto a minuto, las paredes temblaban trazos a cada paso que daba, no estaba seguro, no era su zona de confort. El miedo le apasionaba, no tanto como cuando joven se trepaba al techo de su casa en busca de una panorámica de aquel verde arrabal, pero de seguro que le daba esa adrenalina necesaria para empezar una nueva aventura, en un jungla nunca antes visitada.
Su lugar fue siempre lo común, el chiste fácil y rápido, las leves emanaciones de consumo limitado, el refrío por la mañana y el calor molesto por la tarde, la humedad en las paredes y el cielo raso ajado por los años. El verde escarchado de las mañanas y el olor al pino del fondo de la casa le daban los aires de seguridad para seguir con su vida, tranquila y liberada. Pero hoy era uno más, o peor, era ESE, el bicho raro, ¿quién lo había dejado entrar? ¿qué hacía ahí? Nadie, y nada. Solo estaba.
Estar. Ser.
-Señor, ¿se le ofrece una copa?- dijo la voz en su espalda,
Nadie contestó.
-Señor, disculpe, ¿desea algo de beber?- repitió la voz con un tono más vehemente.
-¿Eh?¿Qué? Disculpame loco, no te escuché. ¿Puede ser una rubia?
-No tenemos cervezas señor.
-Está bien, no te hagas drama- Y agarró un vaso del totin que estaba más a mano, sin saber que era el vino más caro que alguna vez haya probado.
Su cabeza se extraña, y extraña. Extraña... el verde de su vieja casa, la tranquilidad de la juventud: una eterna añoralgia que lo mantiene atrapado en un paso recurrente. No logra romper sus cadenas. Pero ese lugar tampoco ayudaba. Había algo extraño ahí, algo fuera de lo común para un ámbito tan burgués como este, quizás fuera era aire enrarecido, pero no, estaba seguro de que algo no cuadraba (además de él).
A paso lento continuó su marcha por la estancia, la ansiedad lo bloqueaba, se volvía ciego, el olfato era su única guía. Tanteando una puerta entreabierta, se avalanzó y ahí estaba... un poco de aire fresco entre tanto hedor de alta suciedad. Una bocanada de eucalipto a la vera del riachuelo. Sabrán de que les hablo, no hara falta que les diga qué encontró.

27 de abril de 2017

Punto esquizoide

El cuerpo se vuelve sangre, la carne se vuelve polvo, efímero pero denso, capaz de nublar la vista del mejor observador. Con la mirada fija en la nada, la espera se vuelve la bomba-reloj más letal y genocida de la historia, esperar, esperar, esperar... ¿Esperar qué?¿Esperar cuánto?¿Cómo se hace para esperar sin entrar en un estado de esquizofrenia tipo siglo veinte?¿Cómo dejar de hablarme sólo?
Nunca sentí el pánico que siento en estos momentos, el vértigo en su mayor expresión a la nada misma, como si la vida se convirtiera en un abismo y el único paracaídas no está al alcance de la mano, o eso pareciera. Será entonces que el futuro tiene deparado algún tipo de terror innombrable sobre nuestras sienes o será que quizás nunca nos animamos a enfrentar la realidad por miedo a no poder dominar la mayor parte de sus aspectos, y volvemos a la escritura lineal, donde desaparece por arte de magia el hombre y su faz creativa, desaparece, se esfuma, como ese polvo que era carne.
Los versos cortos, los poemas desechados, las canciones molidas a palos, los avatares de la vida, la mafia, el desagrado, el desamor, el desencuentro, las palabras que salen como chorros de tinta en medio de una pantalla inmóvil que no deja más que ver el mínimo reflejo de lo que pasa en mi cabezaq en este momento, será que a veces no soy tan determinante como debería, será. Pero si alguna vez lo fuese, ¿se imaginan hasta que punto puedo llegar?¿Alguna vez fantasearon con la muerte? Quien no lo haya hecho no ha vivido, o por lo menos ha vivido enajenado de su propia existencia. Es la muerte el fin de todo, no es la solución, pero si con ella desaparece el dolor, el dolor propio claro está. Pero hay otra fantasía mucho peor, cuando uno fantasea la muerte ajena, dónde uno juega a ser DIOS, porque creo que ahí está el meollo de la cuestión, todas las religiones te incitan a fantasear con la perfección, con controlarlo todo, con dominar la vida de los demças, con que seas un DIOS y en ese momento aparecen los homicidas, los violadores, los corruptores de menores, hasta los suicidas: todos con el poder, o mejor dicho, con el derecho adquirido de hacer sobre los demás lo que se les plazca.
En qué punto estaré parado que ya ni fantaseo con eso, el deseo es estéril, mi cara se va derritiendo segundo a segundo, como aquella imagen de Homero cuando se olvida de levantar a Bart luego del entrenamiento de fútbol, ¿se acuerdan? Sino veanla, veanla varias veces, sientan sobre su piel lo que siento en este momento, siento que soy un calvo que sus mejillas caen a los costados como cera caliente, los cuencos de los ojos vacíos, ciegos, llenos de nada, la boca deformándose a cada palabra. Los dedos ya piden basta. ¡Pero si recién arrancamos! Aunque no se hasta qué punto pueda seguir, a dónde me va a llevar esto. Deje los papeles hace rato, la las lapiceras y los lápices los cambié por punteros y teclados, sin embargo los extraño.
Extraño algo pero no se que es.
Qué será lo que extraña un hombre cuando todo su pasado ahora es recuerdo, lo vivo y lo muerto se fusionaron en el mismo vacío existencial plagado de angustia y ansiedad.
Terror.
Pánico escénico.
¡CAGÓN! Cuantas veces me lo gritaron, me lo dijeron o me lo dieron a entender.
Punto seguido.
No, será punto y aparte.