18 de julio de 2013

Abandonada y perdida

Sus ojos dejaron de mirarme, me siento bien. Perdí su atención y no puedo explicar la felicidad que me da que ya no me mire con tanta pasión, con tanta vehemencia, como diciendo: volveré por ti una y mil veces. Ya no, estoy liberado de ella y sus vueltas infinitas, embustera, asesina de almas.
Estaba hace tiempo sentado en mi cama, pensando en la vida, abstrayéndome de mi mismo, y pensaba, y pensaba... Pensaba como decirle para que se aleje de mi, quería saber cómo hacerlo pero imposible: llegaban ayudas de todos lados, consejos, cosas interesantes, cosas inválidas, pero nada funcionaba. Recuerdo que pensé en escribirle una carta, en mirarla a los ojos y decirle, léemela en voz alta. Después dije que sería inoportuno y bastante impersonal.
En otra ocasión me dije a mi mismo: "es hora de enfrentarla cara a cara y obligarla a que se vaya, aunque sea a la fuerza". Me planté frente a frente, nos miramos, cruzamos miradas intensamente. Agarré su mano izquierda, atine a abrir la boca y ella se anticipó diciéndome:
-Jamás voy a dejarte- su voz se quebraba -. Jamás voy a hacerlo, no tengo motivos para hacerlo, cuando me des un motivo para irme de al lado tuyo, lo haré.
-Pe... pero
-No se diga más- sentenció, dio media vuelta y se fue.
"¿Qué hago?" pensaba... nada, no se caiga una idea ni verde.
Me fui resignado a la cama, sería una noche más, pensando en ella. Pensar, pensar, pensar, la cabeza me iba a explotar si no paraba, las noches eran eternas, los días los pasaba durmiendo. "¿Cómo me la saco de encima? ¿La mato? ¿Me escapo? ¿Se la doy a otra persona?
Afrontar contra mi ser esta batalla era una tarea titánica, pero estaba convencido de hacerla. La guerra no estaba perdida, ni lo está. Quedan muchas batallas por vencer. Pero a la que me hacía sufrir mi verdad la vencí: la dejé sin argumentos para estar al lado mío.
Dejé de hablar de ella y desapareció, la ignoré y se alejó. La indiferencia la mata.
Vencer a la soledad es una batalla dura, pero el vencedor es aquel que no cae en la desesperación, allí ella gana seguro. Nadie puede vencer a la soledad acompañándose de cualquier ser que lo "rodee", sino que la combate aprendiendo a vivir con uno mismo. Encontrándose a si mismo, el ser encuentra (casi automáticamente) alguien que lo acompañe de verdad.

20 de marzo de 2013

Biografía de un perdido

Era de día, 3 de enero de 2013, el muchacho se dejaba llevar por la música mientras dejaba pasar las últimas horas de calma hasta tener que correr hacia el trabajo, aquel que no era el mejor, pero por lo menos lo ayudaba a salir del paso. La música de fondo lo hacía feliz; ocurrentemente, hablaban de la felicidad. La soledad lo acompañaba minuto a minuto, paso a paso, y eso lo hacía feliz e infeliz, claro está que depende del día, de cómo se sintiera. Por lo general estos días calurosos con olor a encierro no le gustaban mucho, prefería, ocasionalmente la lluvia. Es todo lo que parece que no podría ser cada vez que se imaginaba algo, deliraba. Constantemente su latir llevaba el ritmo de una canción o de alguno de sus delirios, que todavía no eran música, ni eran imágenes, ni eran palabras, eran eso: delirios.
Se agarra la cabeza cada vez que algo no le cierra, es un tipo raro. Cuando se sienta a esribir, no sabe por donde empezar, hasta que pum, se cae una idea, mala, a veces las modifica, a veces sigue el curso mismo del río que lo lleva al interminable cauce de la vida. Por las noches es cuando mejor escribe, porque el sol atosiga a sus neuronas, casi que no lo dejan pensar. Sus muñecas rechinan, ya había perdido la costumbre, y la gracia para esto. A pesar de todo, se sigue animando a romper con sus limitaciones, las aborrece, quiere destruirlas pero no sabe cómo. Usualmente no sabe el cómo de las cosas, otra limitación.
Su falta de memoria hacía que escribir a veces se vuelva penoso, ya que no recordaba que palabras sonaban mejor con sus palabras, le gustaba ser sonoro, se sentía un músico de la escritura... definitivamente deliraba. Pero es así, no se valoró nunca, ni siquiera cuando hizó las mejores cosas de su vida, cuando más se rasgó las vestiduras por sobrevivir en la jungla de la desidia. Es lógico, entonces, que siempre haya deseado cambiar, y que, por momentos, pierda la línea (no la línea social, sino su línea) y se sienta a la deriva. Yo lo entiendo.
Personalmente, no conozco mucho a este tipo, le encanta que le hablen al oído, sobre todo porque cuando le hablan de lejos no presta mucha atención (siempre que pase una mosca por adelante de su cara la va a seguir cual perro que quiere atraparla con sus dientes), pero también porque le gusta acercarse a la gente, sentirla con la piel si es necesario. Los abrazos lo paralizan, más cuando lo agarran desprevisto, y siempre valoró las palabras. Palabras y silencios, los ama: sabe que si se intercalan bien son el arma perfecta para el amor, o para el odio, o para la indiferencia, o para otros males que tiene el ser humano.
De vez en cuando, cada tanto, le gusta caminar desenchufado del universo, sin que nadie lo moleste, porque se encuentra con si mismo; aunque no lo hace a menudo. Todos creen que se ama más que a nada en el mundo, pero evidentemente, los que opinan eso no saben quién es. Si el espejo le devuelve una imagen que no le gusta, se acerca a él y le de las gracias, si se siente bien consigo mismo (que no es lo mismo que amarse) no se mira al espejo. Si quiere mucho a alguien se lo dice, es raro, no espera las palabras ajenas para dar las suyas. Y le duele mucho el sentir la indiferencia de los que quieren.
Pero este sujeto no es un mar de rosas, tiene su lado malo, cada vez más desarrollado, nadie sabe por qué. A veces me cae mal, lo mataría, lástima que si lo mato su carne solo me serviría para unos 20 o 30 minutos de comida, y si tengo hambre, no creo que dure más de 8 o 9 minutos. Tiene tendencia a olvidarse de las personas, no porque no las valore sino porque el se suele olvidar de si mismo, su cabeza está acá su cuerpo más allá, es así. También posee un irrefrenable ermitañismo cuando algo no le cierra, entonces cierra su ojos, sus orejas, sus ojos, apreta sus piernas contra el pecho, las abraza y se queda ahí durante horas, duro como las rocas de la escollera donde le gusta contemplar el mar en verano y de noche.
Ya llegaba la hora de ir a trabajar, y cada vez sus ganas de proceder eran menores por lo que los bostezos se hacían incesantes, el sueño en su cara cada vez mayor y los quejidos... eternos. Era la hora y dejaba de escribir las buenas palabras para empezar a insultar, y a preguntarse el por qué más existencialista: ¿por qué a mí?
Es así, es un tipo distinto, igual a todos. Su vida consiste en vivir y nada más, si total... ¿qué otra cosa puede importar más que la vida misma?
Ya lo dijeron, ¿no? Vivir sólo cuesta vida.

22 de enero de 2013

El cosmos humano

Si la locura hablara, diría tantas palabras incomprensibles como momentos vividos. Como cada momento es "único" e irrepetible, cada palabra incomprensible, también lo es... ergo el delirio mismo de la vida tácita y el recuerdo recelado por la mente socrática, hacen que el lenguaje pierda todo manto de comprensibilidad, y de aprehendimiento. Es decir, nos quedamos sin palabras.
Cada palabra que no pronunciamos es un destello enérgico de una estrella radioactiva que no titila sino que cada vez brilla con más intensidad, o quizás cada vez este más próxima a la tierra, a colisionar con nuestro cuerpos inertes...
El deseo cae al fin, la esperanza y el letargo se hacen agua sobre los manantiales de la riqueza inmoral, aquella que rompe con todo y con nada a la vez... un aire recorre la sala en la que estas, como anunciando la felicidad extrema... ¿Y el pasado? El pasado ya no existe, se esfumó con todo lo demás, con lo que nunca fue, es decir, ¿el presente? Si el presente no es más que el instante, el presente es pasado y lo único que existe es el futuro, pero como no lo podemos precisar, este se nos escapa de las manos.........
Cuantas palabras se disputan el poder, la gloria y todo aquello que a vida le otorga a unos pocos, en detrimento del resto. Pero la realidad es que cualquier cosa que hagas en tu vida: hacelo con convicción.
Lo demás ya no importa, las palabras se esfuman en la hierba al amanecer, el dolor se fue con el rocío de la noche, la noche se apago, y el apagón se hizo luz. La hermeneútica, de la realidad, se acaba con el comienzo mismo de la vida, aquel capullo hermoso que rompe con la estructura pasada y muestra el futuro: la raza humana será lo que quiera ser o no será, humana....