23 de diciembre de 2012

Silencios

Normalmente uno disfruta de los silencios, aquellos que llenan el espacio de tal forma que no cabe una sola palabra en esa conversación de mudos. Cuando el tiempo te lleva a dar incontables vueltas por el espacio sideral y no tenés nada que decir, solo, silenciar el momento y disfrutar del letargo de estar vivo de verdad. El aire clama por entrar a tus pulmones y salir vibrando tus cuerdas pero el alma no lo deja, entonces el aire se queda ahí en el pecho, guardadito... o cada tanto sale en forma de suspiro.
Suspiro. Una suerte de alivio o de regocijo de lo que esta sucediendo. O no. Tal vez la lógica del mundo no nos deje suspirar lo que realmente merece que sea ¿suspirado? La lógica que cada vez nos aleja más de los silencios pidiendo que llenemos el espacio de palabras vacías, ¿paradójico? Yo creo que para nada.
En tanto y en cuanto los silencios se acoplen al pasar del viento, o al caer de un rayo solar sobre nuestras cabezas, o simplemente al fiel y hermoso reflejo de la luna en nuestros ojos, a las mágicas combinaciones de dos o tres de estos factores, se vuelve un silencio lleno de lujuria... no nos deja tranquilizar nuestros sentidos, nos mantiene en un juego del que no se puede salir salvo que sea tomando una leve distancia de nuestros sensorios cuerpos, perdiendo todo y olvidando los orgasmos a los cuales este bello acontecer de nuestras mentes y el espacio, en un tiempo infinito, nos llevan.
Dejar de hablar. Callar. Enmudecer.
El tiempo parece sabio, o no. No es relevante. Pero cuando el tiempo se queja de nosotros, es decir, nos muestra sus huellas en la piel, y en lo profundo del cuerpo, nos pide eso.. eso de lo que venimos hablando. No hay nada raro en eso, ya que el tiempo dirige nuestras almas (o espíritus) hacía la eternidad, la misma que no conocemos y ni siquiera sabemos si existe. Pero el tiempo no es vil, el tiempo es amable, nos da segundas oportunidades, quizás sea la Lógica la que no nos quiera dar segundas oportunidades, todo puede volver atrás, no se puede rehacer lo desecho, pero se puede remediar lo irremediable.
Entre callar y volver a hablar no hay diferencia, pero uno contiene al otro, y yo creo que el silenciar nuestras palabras es una forma de hablar y volvemos a hablar y dejamos que todo fluya, sin necesidad de emitir bocado alguno sobre el viento, dejando que este fluya libremente. Hagamos que nuestros cuerpos se liberen de todo mal, callemos los burdos decir, lleguemos al absurdo mismo de las cosas, inmersos en un sueño que no tenga fin.
Dicen algunos refranes que antes de pronunciar palabras vacías llamémonos al silencio, que es mucho más sabio que la simple emisión de sonido.
Llamemos a nuestra sabiduría: callemos y no volvamos a hablar.

7 de mayo de 2012

Contra-camino

Las vueltas del universo hacen de la vida un camino por recorrer, con todo lo que eso implica (menuda obviedad, ¿no?), piedras, saltos, baches; pero hay algo en ese camino que a veces nos pone mal, locos de ira, hay quienes lo solucionan rápido y hay quienes los estiran hasta el punto mismo en el que seguir caminando y estirarlo se convierte en un barranco sin fin: las bifurcaciones. No es para ser fatalistas pero, la forma de caminar también influye en como afrontamos esas contradicciones del camino, esas contradicciones que hacen a uno caminar por acá o caminar por allá.
Si camino por acá perderé esto, lo otro y lo aquello. Si camino por allá perderé esto otro, lo otro otro y lo aquello otro.
Si no camino me estanco, me quedó en el limbo mismo de las cosas, donde nada existe ni deja de existir. Si pierdo la paciencia camino más rápido y me pierdo del follaje que me ofrece el entorno por donde camino. Si decido caminar lento, el tiempo, viejo asesino, me pasa de largo y me deja desahuciado en medio de un camino añejado y sin sentido de ser.
Freno.
Empiezo a caminar de nuevo.
Las dudas no están saciadas, pero la realidad nos supera, me supera. Encontré en tu forma de caminar algunos pasos que me sirven, algunos otros que me llevan a mal traer, y encontré en mi forma de caminar un trastabilleo constante, sobre todo en las partes más rectas y en las que solo hay dos caminos a elegir. Y el camino sigue, parece interminable, y es lo lindo de caminarlo: descubrir todo lo que tiene para dar y mostrar, y embellecer...

Sin embargo, con todo lo malo y lo bueno, aprendí que lo lindo es caminarlo, pegarle a las piedras, tropezar con las más grandes (si lo hago con las pequeñas es por simple inutilidad), saltar, cantar, bailar, dibujar, oler, comer... este devenir hace lo que soy ahora, y lo que seré, y cuando llegue al final del camino diré: "No hubo nada más bello que transitar por esta senda, y si tendría otra oportunidad para transitarla, lo haría de la misma manera"

4 de abril de 2012

Verdad

Algunos querrán dudar de mis palabras, pero a la vez que ellos dudan y critican, yo las reafirmo y las vuelvo a poner sobre la mesa. Esas palabras que hoy matan mentiras, no significan verdades, son meros acercamientos, soy un niño nuevo en este juego de hablar. Pero ¿quién me va a decir que no puedo hablar? El oxígeno es gratis, por suerte para muchos, y para mi también.
Si es que lo que voy a decir tiene valor alguno, que puede que lo tenga, aceptalo, no lo niegues. Si querés ignorarlo hacelo, pero quiere decir que algo de verdad tengo en estas palabras. ¿Qué más te puedo preguntar? ¿Cómo hago para volver al ruedo luego de tanta agua bajo el umbral de mi casa? Tantas mentiras, tantas verdades, tantas giladas, tantas pendejadas, tantas personas y tantos personajes. Tanto ha pasado que el pasado se ha vuelto presente, y el futuro no llegó, sino que se fue, para más adelante, aunque a veces dudo de su existencia.
¿Querrán decirme ustedes por qué no puedo decir lo que voy a decir?¿Por qué debo callarme? Porque... no tienen palabras para negarmelo, y es que la verdad solo se la puede refutar con una verdad mayor, que no invalida la anterior sino que la contiene y la supera. Es verdad que nada tiene un valor absoluto, pero la verdad puede ser absoluta en la medida en que todos entendamos lo que contiene dentro de ella, si alguien no lo puede comprender, entonces esa persona: a) No quiere ver la verdad; b) Le falta algún elemento que complete su capacidad de desarrollar una idea o de comprender un concepto.
No quiero entrar en redundancias, pero la existencia o no de esta verdad que pienso decir a continuación, no depende mucho de causas subjetivas, es decir, de causas inherentes al conjunto de la raza humana, sino que tiene que ver con un concepto objetivo. Ese concepto objetivo, basado en las investigaciones previas, que llevaron a la superación de verdades y al refutamiento de las falsedades anteriormente escritas, ensayadas y demás, hace del nuevo concepto a presentar un Verdad casi tan perfecta que merece ser escrita con mayúsculas.
De nada nos va a servir discutir lo indiscutible, es decir, tratar de refutar algo que claramente es una realidad indivisible de nuestra existencia, por eso mi trabajo como escritor es dejar bien en claro esta Verdad, que de ahora en más será nombrada con mayúsculas por su importancia y su cuasi-perfección. A lo que apunto con esto es que ya no vale la pena intentar superar esta idea superadora, que más que una idea es un hecho concreto, y más que un hecho concreto es, y punto.
Ya puesto en marco teórico el lector sabrá perfectamente de lo que vengo hablando, por lo que mi verdad, que ya (a diferencia de cuando comencé a escribir esto) no me importa si es criticada, desoída, ignorada, "intentadavanamentederefutar", será presentada a continuación. Pero teniendo en cuenta la avidez del lector, en estos casos prefiero no ser tan obvio, y no tratarlo de estúpido; con lo que voy a dar por sentado que en el transcurso de este breve y contundente texto ha tenido la capacidad dialéctica, lingüística y filosófica para lograr desentrañar la Verdad que hay detrás de mis palabras.

17 de febrero de 2012

Voces

-Ya no entiendo de lo que estás hablado- se dijo a si mismo.
Y así comenzaban sus conversaciones solitarias, como un loco por la calle tratando de escaparle a la realidad. Y no lo lograba che.
Fue un día que comenzó a delirar con una historia, una historia tan surreal que hasta el más desacomodado mentalmente se hubiese espantado de escucharla, sobre todo porque para crearla tuvo que tomar calles que antes no había ni hubiese querido pisar. Se desato las zapatillas y un par de cuadras después las dejó en la puerta de una casa abandonada. Sigue caminando. Se detiene... en la historia deja que el personaje principal (debe ser él, pero mis ojos no me permiten ver más allá de la piel de su cabeza), y ya no sé más. Lo veo levantarse, se dirige hacía mí.
Creo que fue ayer cuando empecé a escribir sobre la locura. Creo que es hoy cuando me di cuenta de que no entiendo de lo que estás hablando, pero sin embargo te voy a seguir escuchando, porque no me queda otra, creo...
Y seguía hablando solo, nadie más que yo lo veía, era un ser imperceptible. Tan imperceptible que lo perdí de vista.
-Ya no entiendo de lo que estás hablando- suena una voz a mi espalda, giro...
...
...
...
No hay nadie.