29 de julio de 2011

Viviré volando II

Ya no sé cuanto es el tiempo exacto que pasó desde aquel vuelo hasta este por el cual estoy por abordar. No sé tampoco si son las mismas sensaciones las que me ahogan, o las que me hacen respirar; sé que sigo tirado en el mismo rincón que aquella vez, donde nada tiene sentido, y todo es razonable a la vez. Vueltas da mi cabeza en este momento, el chipi chipi no se ha ido, pero lo clarobscuro asume en mí, sea como sea... No siento nada más que el frío que pasa por mis ojos en esta noche helada, en la cual ya nada ha de aparecer al lado mio. Solo. ¿Estoy solo? No lo creo...
Divago, camino, doy vueltas por las paredes, y me vuelvo a sentar, todo es una calesita. Envuelto en sonidos, sigo escribiendo, y pienso en mañana, y pienso en ayer, los comparo, pero pienso en hoy, sólo es hoy, el resto es nada. Me cuesta creer en la gente y sus palabras, pero no dejo de ser un pequeño ingenuo y crédulo botija de ciudad. Me siento un Silvio Astier, tan genio y tan desgraciado, que no encuentra su lugar en el mundo, pero luego me freno y digo: ¿Qué tengo yo de genio? Cuanto mucho puedo escribir estas líneas, soy un genio a mi medida, pequeño, crédulo e ingenuo.
Que lejos estoy de todo aquello que alguna vez escribí, y me siento uno más, parte de la masa, esa hermosa y homogénea masa (pero tan heterogénea por dentro, lo necesario para funcionar correctamente, o a medias). El bazar de Wakeman & Fripp, que inconsistente que es todo, ¿no? "Un bazar sin tambor", ¿qué es eso? Ya no creo ni en mí. Me defraudé.
¿Volaré?¿Viviré volando?¿O sólo soy un delirio en la obscuridad? Quién sabe esto...
Dejó el caos y la catástrofe, me planto en el piso de nuevo... El lecho me espera para decirme que mañana será un gran día, duro, pero grande al fin. Espero, dejo de esperar, ansío, me vuelvo loco, frenético, al borde de la esquizofrenia...
Voy a tomar carrera, quiero volar, volar lejos, espero que el día que aterrice vea la pista para poder volver a despegar, porque esta vida merece ser volada. Por eso, y como hace meses, VIVIRÉ VOLANDO...

19 de julio de 2011

Delirio atemporal

Son las 18:10 hs. En una tarde gris escribo líneas negras, con un teclado negro, en un computador gris y negro. Las líneas divagan por el monitor que se posa en el tercer o cuarto estrato del escritorio. A su luz una pequeña, insípida y blanca camarita que pareciera que vigilara algo a mi izquierda.
Me giro y veo que lo que la cámara vigila es la estantería con libros, podría llamarse “biblioteca” pero no lo es, es quizás un amontonamiento de papeles y libros. Son las 18:11 hs. Reviso la estantería llena de libros, libros de colores, y libros opacos, oscuros, envejecidos por el paso de los años, esos años que amarillentan hojas de libros y vuelan las de los árboles.
Son las 18:12 hs. El tiempo comieza a volverse frenético. No me deja pensar, menos escribir, no pienso anotar cada minuto, pero… veo algo ante mí… es una humilde carpeta o humilde cuaderno, no se algo de eso es. Vuelvo a girarme, hay unos lentes estrambóticos en uno de los estantes, sobre unos discos de Rock Nacional. 18:14 hs.
Me detuve…
Abro ventanas, pero lamentablemente no son ventanas de verdad, no entra aire sino que la pantalla irradia luces de todos los colores para venderme algo nuevo.
Miro de nuevo los libros y los discos: allí están, tan presentes como siempre: Los Redondos y George Orwell, Mario Puzo y Luis A Spinetta…  Sumo y Homero, Fedor Dostoievski y Divididos. Todos allí, viéndome crecer, quienes me alimentaron. 18:18 hs (dicen los refranes de los crédulos que alguien habría de estar pensando en mí en este momento, no lo creo)
Fantaseo algo nuevo, decido dejar todo esto acá. Me perdí…
18:19 hs y contando… … … … ...