17 de junio de 2011

Ataque neuronal

En  viaje intergaláctico, en la pesadumbre de la inconsciencia, en el letargo eterno del alma, en el dios de lo onírico, en el estrepitoso mar del sur, en los sueños divinos de la eterna revolución y en la eterna revolución de los sueños.
En cada flan rotador, en cada destello de la mentira, en la mentira de cada destello, en la lucidez de verdad, en la verdad de la lucidez, que a la vez nos miente por siempre, diciéndonos que es perfecta, que es infalible. En cada movimiento de la materia, en cada segundo del eterno tiempo, y la mentira, y la verdad, las consecuencias. El delirio, la pasma, la canción de un amigo, el pelo que vuela enteramente, desde el cuero cabelludo al insensato viento de la colina. La colina llena de nieve, el sol cortando a la mitad la nieve, el hielo flotando en el aire y el mar hundido en la tierra. Lo negro de los agujeros, comiéndose a las personas que atraviesan su portones de dulce desaparición. De la nada a la nada, ¿y el medio?
Escapando por la delirante escalera, que no para de girar sobre sí misma, llegando a una ventanita que la airea y la ilumina durante el día y las noches de luna llena. El mito como distinción de lo extraño. La mentira, la verdad y la inconsistencia de la materia.
El cielo ardiente, la luna caída, la luz entrando en mis pupilas. La verdad "nada vale lo que cuesta, nada es lo que tiene por etiqueta". Todo flota de aquí para allá, rotando y dejando caer sus hermosas mentiras que nos dejan mejor. El día en los ojos, la noche en el cuerpo. ¿El sueño?
Voy y vengo, me siento y escribo, escucho. Tu secreto es la suerte del principiante, no puede fallar. Volvés, te vas, escapas, corres, volvés, te arrastras, te desplomas. El sueño, la eterna manifestación del deseo, y de lo oculto, y ... y ... Te quedás, dormís.
Se te acaba el papel de locutor, volvés, sentadito esperás, y ves la vida pasar.
Terminás, te dejaste ir, no volvés.... te decidiste a dejar todo para después...