27 de mayo de 2011

De aquí a allá

Partió rumbo a su casa, había sido un día largo, muy largo. Después de tantas horas en la fábrica decidió que sería conveniente comer algo por ahí antes de llegar a su casa para la cena.  Sí, había terminado muy tarde, más de 12 horas ahí adentro. De pronto descubrió que la mayoría de los lugares de la zona estaban cerrados, no entendía bien la situación, hasta que se dio cuenta de que era domingo, otro problema mayor. Camino hacia la parada del colectivo y mientras prendía un cigarrillo (vaya a saber uno de que marca era) empezó a mirar a su alrededor, la calle desolada, las casas como sin vida, era un día gris. Decidió caminar un poco, siguiendo la línea del recorrido por si, eventualmente, aparecía el micro que lo llevaba a su casa todos los días. Caminó por las extensas cuadras de piedra hasta que llego a una intersección completamente tapada por el agua, "imposible pasar" pensó, así que volvió una cuadra hasta la anterior parada. Creyó que era conveniente fumarse otro cigarrillo puesto que el transporte no llegaba, y esto de que tener que trabajar los domingos, y encima esperar el colectivo casi una hora lo irritaba bastante, sobre todo sabiendo que  le quedaba más de una hora más de recorrido hasta su casa. Bien, el tipo vivía lejos del trabajo, era fumador, impaciente (sobre todo), pero más que todo esto era un militante de la vida; se había decidido a no dejar que nada se interponga entre él y su felicidad, que a  la vez el veía que era la felicidad de su cónyuge, novia, o como te guste llamarle (claro está que no estaba casado, descreía mucho de las instituciones, sobre todo de la iglesia). La espera se hizo larga y la noche era cada vez más pesada, el crudo invierno marplatense no le sentaba muy bien a esté santiagueño que hacía diez años que vivía en esta ciudad.
Eran más de las ocho y media, el hambre empezaba a sacarlo de quicio, el colectivo que no llegaba, los gritos del gerente que le seguían dando vueltas en la cabeza, la inseguridad de no saber si su mujer estaba ya cocinando, el frío-garrote que penetraba su espalda por el sudor, el ruido de las máquinas zumbándole los timpanos. Era un tipo resistente. ¿Cómo hacía para soportar tantas cosas a la vez este tipo? Se preguntarán. Pues, es simple, detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, y ella lo sacaba de la rutina todo el tiempo, sus hijos eran otra fuente de alimentación para su felicidad, sobre todo cuando se portaban mal, porque le hacía recordar (y sin nostalgia) su infancia. Y eran estas pequeñas cosas las que lo llevaban a levantarse todos los días a pelear contra el gran Titan, el sabía muy bien que algún las cosas serían mejor, que el gran Titan iba a caer. Era un soñador. Pero, su nerviosismo lo hacía exacerbar cuando las cosas no iban como él quería. Era un tipo digno. Nunca pasó por encima de nadie, así eso le valiese caer en desgracias repetidas veces, porque así lo ordena ÉL.
Ahora, el colectivo parecía asomarse por entre la oscuridad de aquellos descampados y esa noche nublada de aquel julio marplatense. Nuestro amigo esperaba ansioso, tiró su tercer cigarro al suelo. Pero de pronto advirtió que la luz se quedaba quieta, inmóvil.
-¡¡¿Otra vez? Pero... LA PUTA MADRE!!- gritó desaforado.
Era claro que no podía estar en peores condiciones, sus pensamientos le dieron una respuesta: sí, podrías estar peor. Tenía suerte, porque ese día el viento venía del sudoeste, era frío y más bien seco, lo que dejaba de lado la posibilidad de una tormenta, a pesar de que en el cielo no se veía una estrella ni siquiera si te levantabas por encima de las nubes. Las luces se apagaron. Empezó a temblar del frío, a pesar de que hacía diez años que vivía en Mar del Plata no se había acostumbrado aún al frío de julio. Se puso algo nervioso, decidió caminar hacía donde parecía estar el micro. Empezó a correr para entrar en calor, llegó hasta donde el había avistado el colectivo, y nada. No sabía que pasaba. Empezó a temblar, pero ahora de miedo. Era valiente. Pero en ese momento entró en pánico, más que por el miedo, fue por saber que algo estaba mal, y que todo le salía mal aquel domingo. Decidió caminar hacia la avenida más cercana, ni siquiera se acordaba el nombre de muchas de las calles, pero tenía que cruzar ese "laguito" que había en la esquina.
Pasó, y llegó a la avenida, estaba algo apagada. Vio que venía un colectivo (la mayoría de los colectivos que pasaban por allí lo dejaban a tiro para ir a su casa), y cuando se dispuso a pararlo... el colectivo pasa por un charco y lo moja completamente.
Definitivamente no era su día.