25 de marzo de 2010

Estrellas del nuevo cielo

Estando por allí nadie iba a pensar en nada más que en lo que sucedía. Una noche espléndida, una luna brillante colgaba de aquel nublado cielo, no parecían existir las estrellas. Uno tras otro iban pasando los fantasmas del recuerdo, las palabras del cielo en la tierra. Aquel infierno estaba encantador, envolviendo en sus llamas todo lo que había alrededor, amantes, hombres de bien (y de mal también), locos y cuerdos por demás que solo disfrutaban de ese momento. Nunca nadie imagino que dos almas podrían abrazarse a las estrellas desde un lugar donde el cemento y el pasto se juntan como hermanos. Nadie creyó en ese momento incondicional, donde lo que se veía era la pasión de un momento a otro, del carpe diem. Pasaban los segundos, pasaban los minutos, no se si han llegado a pasar las horas en ese bello paisaje de ciudad, uno que no se ve todos los días. Esqueletos paseando por la calle como aguas danzantes al ritmo envolvente de cualquier instrumento que se diera a conocer en esos instantes.
Pensar quizás era mala palabra, hablar era una acción necesaria, demostrar era algo incontenible. Un instante quizás bastaba para dar a conocer todo lo que allí pasaba, nada más, solo eso. Pero no, el tiempo decidió pasar, ¿para bien?, ¿para mal? No lo sé, nadie lo sabe, pero pasó. Un acorde atrae al otro, un compás sigue al otro, un pasito para allá, un pasito para acá, casi nadie pensaba algo diferente, todo era así. La mediocridad para algunos es normal, la locura es poder ver más allá. Locos por doquier, por aquí, por allá, allí arriba otro más, mientras profetas de botella colman el lugar.
Tuvieron un instante más, lo volvieron a tener. Se desprendieron un instante y recogieron los pedazos de pan que había por allí, centímetro a centímetro, segundo a segundo. El tiempo y el espacio los llevaban a descubrir cosas impensables, maravillas del nuevo mundo. De un extremo al otro el mundo era verde, uno nunca sabe por qué pasan esas cosas, pero suceden, así es como las rosas son rosas, y las margaritas blancas, porque todo va en uno mismo, en lo que tú quieras ver. Un poeta podrá contarte como se ven las flores, pero solo basta con salir de tu habitación para descubrir el bello aroma que estas tienen. Podrán arrancar todas las flores, pero nunca acabarán con la primavera.

2 comentarios:

  1. Siempre amé la forma de escribir qué tenés, es peculiar, única.Siempre me queda un dejo de misterio, algunas preguntas cuando termino de leer y eso está bueno.

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  2. Hermoso el texto, logró atraparme, pude de cierto modo imaginar cada una de las cosas que contabas, y encima cerraste con la frase de Neruda, un grande!

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