10 de enero de 2010

Es así

Bruto e inexpresivo, quiso hacerle saber que la quería, solo eso, pero no encontraba aquellas palabras que encajaran justo para describir lo que sentía. Su afán era más fuerte que su falta de letras, él lo quería lograr y no había que lo pudiera parar. Horas y horas pensando en que palabras plasmar sobre aquel lienzo blanco, tan blanco que golpeaba a sus ojos, verdes que con el brillo parecían dos perlas. Sus fallidos intentos comenzaban a corromperlo, ya no lo toleraba.
Intentaba, pedía ayuda, se entregaba a ciertas sustancias para ver si podía lograrlo, pero nada, no había resultado alguno. Era como si su mano estuviese inmóvil, o las palabras no quisiesen expresarse y ayudarlo. Todo era en vano. Su mente seguía buscando encontrar algo, una imagen, una letra, un sonido, pero lo único que conseguía era desaliento. Pero fue ahí donde encontró la respuesta a todas sus preguntas. No cabía en su mente al principio, pero luego se dio cuenta que ese era el único camino que conducía a Roma. Abrió mente y alma para darse cuenta que las palabras son efímeras, pasajeras y para descubrir que el amor, la amistad y todo se demuestran con hechos, con simple acciones que lo conducían a encontrar las palabras para decir: Te quiero.

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