21 de diciembre de 2010

Viaje del reo de la muerte

Atravesé la última puerta que separaba mi encierro de mi libertad, esa que al calor de los veranos y al frío de los inviernos los encierra de forma imprudente en aquel sucucho asesino e imprudente. Yo no creía que nada fuese a pasar, por lo menos algo peor a lo que había tenido que soportar en aquel horrible agujero donde la mentira reina día a día, tirana, la soberana de la realidad de mi vida, nuestras vidas. Me dispuse a caminar en línea recta unos pasos sin mirar atrás, para no tener que volver a ver aquellas paredes de hormigón, con un color entre gris y amarillo, demacradas por el tiempo, que desde luego no curo nada... mis heridas seguían allí, sangrantes, como si las costuras se hubiesen roto y la carne viva se comieran a todo lo que había delante de ellas, dejando un buraco mayor en mi piel, marcada de por vida. Salir del agujero me daba escalofríos pero sabía que nada mejor podría pasar allí dentro, más que desaparecer de aquel lugar. No me dejaba de dar vueltas en la cabeza la idea de volver, y vengar mi pasado, pero... ¿contra quién? Si mi verdad estaba afuera, a pesar de que mi vida la pasé allí dentro. La vendetta no sería la solución a los problemas, pero sería el alivio a mi sed intrínseca, esa con la que nadie compartí jamás. Aliviaría también mi dolor, mi angustia, la que el tirano armado me imprimió en la piel, esa que hoy sigo viendo sangrar como una gotera, similar a las de mi antiguo hogar (que no se diferencia en mucho de aquel calabozo). Quince años, ciento ochenta meses, setecientos ochenta y dos semanas, cinco mil cuatrocientos setenta y ocho días, ciento treinta y un mil cuatrocientos setenta y dos horas pasé allí encerrado, casi sin ver el sol, ya que yo no soy quien dicen que soy.
Me han llamado de muchas formas, desde asesino, caco, chorro, negro, hijo de p*t*, etc. etc. Será que lo merezco por lo que he hecho, aunque no recuerdo hecho más que salir a buscar mi alimento, ya que en mi antiguo sucucho estaba privado de este, no porque mi familia me lo negase, sino porque mi familia lo tenía negado. Aparente es así, el futuro que la sociedad quiere para gente como yo. Nada quiero sino, alejarme ya del hormigón con sienes insalubres, que amordazan hasta al más inocente en un cuadrado del que vaya a saber uno cuando saldrá. Sin embargo miles de tiranos siguen en sus casas, descansando y haciendo sus quehaceres a diestra y siniestra, sin que nadies los juzgue, ni siquiera esta sociedad hipócrita, que nada ve más allá del cubo de la idiotez (ahora en versiones hasta más planas, no tan cubicas), regalo de la modernidad, y que hace la vista gorda cuando se siente amenazada por el de arriba y encierra cuando el que asoma es de abajo. Esa sociedad que tiene por enemigo al que está más abajo y le besa la mano a un soberano que todo sacrifica por su propio bien, obvio que no se sacrificaría a si mismo.
A todo esto, y luego de tanto hablar conmigo a solas, (por suerte, para adentro sin necesidad de que nadie tenga que escucharme) comienzo a dar pasos más apresurados. Aquella calle, pequeña para su condición de "doble mano", albergó mis pasos camino a dónde sabe uno iba yo a parar. Por lo pronto quería alejarme de esa estructura, monumento al encierro al aislamiento social, necesario para mantener limpia a la sociedad, sin manchas de color. Estúpido de mí cuando dije que no tenía de quién vengarme, ah sí, eso sí, no se salvará ni por un pelo de mi redención, de la tan necesitada sed de venganza que poseo contra la tiranía de un "pueblo" ciego de la boca, sordo de sus ojos y mudo de sus oídos, pueblo mal llamado porque son los que se dieron en gracia al tirano, dejando a muchos otros que son los que son mudos en esta realidad, sin embargo siguen siendo violados a través de sus ojos, sus orejas y sus estómagos. Ah sí, también destriparé a mi "víctima", alguién a quién he odiado desde hace tiempo, será el día exacto para la venganza.
Me he logrado acercar a ella, si esa dama sufrirá mi venganza, por tanto sufrimiento que me ha implantado, porque por grande que sea un delito, aquella pena es mayor. La tengo entre mis brazos, mi arma letal en mi mano derecha y... desperté.

23 de noviembre de 2010

Estupefacientes

Tomó un lápiz y comenzó a escribir una extensa carta, esa carta parecía llena de jeroglíficos, de palabras incomprensibles, sin embargo él estaba seguro de que ella o alguien la entendería. El lápiz siguió bailando sobre aquel trozo de papel que vaya a saber uno de donde lo sacó, ni como lo obtuvo, hasta creo, supongo, sospecho e intuyo que ni siquiera él debe saber de donde salió. He aquí quizás la muestra más pura de espontaneidad, o quizás de algo más, algo que las palabras normales que uno tiene a su alcance no pueden describir, algo que él puede explicar, pero se siente impedido por otro motivo; sabe que el tiene las "palabras" para hacerlo pero sin embargo algo no deja que lo diga.
El papel, el papel tiene algo para decir, ese trozo de aquello que conocemos como madera que luego pasó a ser una pasta celulosa y que luego se transorformó en lo que nosotros conocemos como papel, eso poseía algo en su interior, o más bien en su superficie. Eso que creo haber visto escrito en ese recorte de vaya a saber que cosa, que terminó siendo propicio a modo de pergamino o carta, no era un mensaje claro, o al menos para mí. Supongo, también, que si hay un mensaje que yo no puedo descifrar pero alguien lo escribió, entonces tiene que haber un receptor sino no sería un mensaje.
A menos que el receptor sea él mismo, yo supongo que debe ser una dama, o puedo estar equivocado. A ver, veamos: él escribe un mensaje, una carta o lo que fuere, en un trozo de papel que no sabemos de donde salió, y ese mensaje no es legible para mi limitado entender. Y he aquí mis preguntas: ¿Qué dice el texto?¿Qué planteará?¿A quién está dirigido? Yo sigo creyendo que es a una mujer, tengo el convencimiento de que es a una mujer, pero...
Mejor dejemos de centrarnos en mis palabras, que vagas y pasajeras son.
Él, empedernido, sigue escribiendo su extensa carta, mensaje o lo que fuere que sea. Sin embargo en un momento, todo se torna oscuro, la luz se apaga... pero él... sigue escribiendo. Y es como si nunca terminara la carta, ni siquiera el papel podría frenarlo, sus límites no eran más que meros límites visuales, y creo que sé algo, algo que me puede ayudar a entender un poco más; sé que el es especial, pero no en un modo "infantil",  sino, más bien, con una capacidad que lo distingue completamente de los demás seres humanos, que tan mediocres e iguales son. Pero sus ojos no dicen lo mismo, él sabe que cada ser humano es especialmente mediocre a su forma, y de todas formas sigue habiendo algunos que escapan de esa mediocridad, ya lo han dicho quizás, la mediocridad para algunos es normal, la locura es poder ver más allá. Sin embargo, él no es un simple loco, como esos que nos imaginamos en un manicomio, o esos que ven más allá. Él sabe más de lo que cree, ve más de lo que cualquiera puede pensar, pero no es Dios, porque Dios eso no lo puede hacer, no... Dios está ocupado jugando al póker con nosotros.
A pesar de todo siempre nos quedara la duda de qué era lo que escribía él, a quién se lo escribía, y por qué de esa forma. Solo una cosa nos queda clara: él fue, es y será siempre él.

15 de octubre de 2010

Viviré volando

Estoy tirado en un rincón pensando en muchas cosas, pero ya no se en que estoy pensando; las ideas van y vienen, como las palabras que suelen entrar por un oído y salir por el otro. Nada es bueno si lo pensás así, despreocuparte tanto, salir de la realidad, dejar de pensar en uno, en los demás en el mundo mismo, en cualquier cosa... No sé, no sé si estoy pensando o estoy delirando, no sé si lo que escribo tiene sentido o no, pero no me gusta conjeturar al respecto, mas si, solo sé que estoy escribiendo, es mi única certeza, si es que lo es. ¿O qué?¿Qué me espera ahora?¿Qué tengo para dar?¿Qué recibiré (a cambio o no)? Definitivamente no soy un vidente, así que no se que es lo que pasará en el futuro, solo sé (o al menos creo que sé) que estoy parado (mejor dicho: sentado) acá, pienso (¿O deliro?), y que más...
Si la vida es una tómbola pienso jugarla, hasta el final, hasta las últimas consecuencias; alguna vez un ser inteligente dijo que Dios no juega a los dados, no lo sé, jamás lo vi a Dios, y tampoco vi que todo esto fuese tan ordenado, creo, también creo que estoy delirando de más, pero es dificultoso dejar de pensar, y a la vez es difícil dejar de escribir, porque estas líneas se escriben a si mismas, sin frenar, poniendo comas para descansar y puntos para terminar, como la vida misma que se pone a dormir y luego termina en un punto final. Pero de todas formas a veces no se a donde apunto cuando pienso, no sé si se trata de reflexionar, de buscar nuevas ideas o simplemente de quedarme ahí haciendo fluir ideas que jamás volveré a ver, es extraño no lo sé; yo solía saber esas cosas, pero de repente todo se corto, mi "saber" dejo de ser y ahora quién sabe a donde fue a parar.
Definitivamente... creo que debería dejar de escribir esto, es inconducente, mis palabras ya carecen de sentido, y las líneas se van diluyendo de a poco, pero sin embargo al escribir eso me sigo contradiciendo porque no dejo de escribir para transmitir eso; de hecho, pienso que esto se volvió un círculo vicioso sin fin, en el que jamás dejare de escribir. Pero poco a poco pienso y lo que pienso se va diluyendo, y en lapsos cortos de tiempo me doy cuenta de que esto ya no da para más, puede que esté terminando mi relato, pero a la vez dar esas palabras me dice que no terminaré todavía, que falta mucho por describir, cosas por contar, y a la vez, cada palabra que escribo deja una historia atrás que merece ser contada y así esto podría ser eterno, como el Chipi Chipi que no tiene fin, la canción sin fin, tan fácil de escribirlo pero tan difícil de explicarlo, o siquiera de descrirlo...
Ya está todo cocinado, el final se acercó, no puede terminar bien algo que jamás arrancó feacientemente, sino que surgió de la nada como todo esto que me rodea, como la nada misma, como la vida, como la muerte, como el vacío, como la muerte, como la vida, como la nada, como el espacio, como vos, como yo, como Dios, como él, como ella... Y recuero que no sé nada, o por lo menos creo saber algo, algo que espero que se cumpla para toda mi vida, porque será de mí lo que yo quisiese que fuere, por eso... viviré volando.

18 de julio de 2010

Escribe

Toma una hoja, levanta el lápiz, mantiene la goma cerca por eventualidades. Acerca la vista a la hoja, nota algo raro, definitivamente no se equivoca, la hoja está todavía en blanco, por momentos no lo cree. Decide tomar otro lápiz, para repetir el accionar previo, el de escribir, pero se da cuenta de que este lápiz no tiene mina, desapareció mágicamente piensa él, porque ese lápiz estuvo siempre en el mismo lugar, en la misma posición sin que nadie lo tocara. Espera un instante, para analizar la situación, decide buscar otro lápiz, este si tiene mina, pero vaya uno a saber por qué no escribe, como el primero de todos, pero este ni siquiera deja una marca sobre la hoja, como hacen las lapiceras sin tinta, tal como lo hizo el primer lápiz. Comienza a desesperar, su único medio de descarga, su gran afición de años, se ve imposibilitado de realizarlo, vaya uno a saber por qué, o quizá... por quién. Su mente estalla de ideas, su inspiración es abismal, pero su capacidad de expresión está limitada, quiere gritar, pero no puede, vuelve a tomar los lápices, ahora los tres a la vez, comienza a hacer las formas de las letras, pero ve algo extraordinario, algo inimaginable, casi indescriptible. Los lápices son los que le dan el movimiento, las letras no quedan en el papel, pero él las ve, las siente, las huele, hasta las puede tocar. Siente que esta delirando, pero no, se da cuenta que es algo que podría ser una señal, un aviso... ¿una advertencia? No lo creo, un mensaje, tal vez. Su corazón lo mueve, como los lápices a su mano, y lee algo... algo que lo dejará inmóvil.
Pasan las horas, su mano sigue danzando al compás que le marca la música de los lápices, su movimiento denota miles de versos y cosas que llenan su corazón y su ser. Pero ahora encuentra un problema, se da cuenta de que no puede soltar más a los lápices, que estos, no escribían por si solos, porque ya no tenían la energía que él les daba antes, y que juntos solo podían compensarlo, y no solo la compensaron, sino que también se apoderaron de quien les daba energía, y no quieren dejarlo ir. Y ahora... una lucha sin fin, escribir por siempre, o perder toda su inspiración y su capacidad escritora, la contracción lo llena. Esa lucha interna lo vuelve loco, pero no suelta los lápices, o ellos no lo sueltan a él. Su almohada, fiel compañera de razonamientos y divagues, parece ser la única capaz de quitarlo de este embrollo, de su confusión. Deja por un rato la hoja de lado, pero conserva en su mano derecha los lápices aferrados como desde un principio. De pronto, una decisión, quizás la esperada por todos, o no, la más común, no lo creo. Vivir en paz, sin que un lápiz lo domine pareciese ser la más correcta de las decisiones, pero él no lo creyó así. Su amor fue es y será escribir, y por eso no deja de hacerlo.
Ya tomada una decisión se va a acostar, sabe que ya no hay vuelta atrás, y se encuentra con un nuevo fantasma, el insomnio. Quiere dormir pero no puede, decide levantarse, se sienta en la mesa, y comienza a escribir, pero ve que no hay nada en la hoja, mira su mano y los lápices no estaban. Mira a su alrededor, vuelve a ver su mano y tiene un lápiz solo, se sorprende. Vuelve a observar la hoja que estaba en blanco y lee: "Tu... solo... escribe".

9 de julio de 2010

Volaré

Me escapo, me suelto de las cadenas que antes me sostenían fuertemente contra una pared, aterrorizado a saber que podía pasar mañana. Me escapo, me suelto de esas sogas que ataron mis pies a una cama, mientras un verdugo esperaba al lado mío para darme el golpe final. Me escapo y dejo atrás miles de cosas, dolores, tristezas y bazofias, cosas que nunca me sirvieron, cosas que dejé porque era lo único que me servía hacer con ellas. Me escapé, finalmente dejé atrás eso, lo malo, y mirar al frente, no sé si al futuro, quizás a lo inmediato, al segundo a segundo, al instante que vivimos, a todo lo que me rodea, a él, a ella, a vos.
Ya me escapé, ahora que veo, no sé que hacer, hay demasiadas posibilidades, la duda me atormenta, me agobia, me aplasta. Pero calma, la calma me invade de un momento a otro, pareciera ser un ataque de ciclotimia, es demasiado para mí. Ya está me decidí se lo que quiero, lo encontré en lo hondo de mí, una decisión que no pienso cambiar, hasta que las circunstancias me hagan cambiar de parecer, pero tengo fe en mi seguridad. Quiero, sé que es lo que quiero, pero tengo un problema, no sé como decirlo, como expresarlo, como darlo a entender.
Algo se me tiene que ocurrir, no puede ser que no haya palabras para decirlo... Buscaré en una canción, ellas siempre tienen las palabras justas para expresar las cosas, pero no está, es un problema, es demasiado. Quizás no sea un problema (¿ciclotimia?), quizás el problema sea yo, mi cabeza. Sí, ya sé, dejaré que mi ser lo sienta, de adentro vienen las mejores expresiones, las que tienen la certeza... Si, ya sé como es: volar, esa es la palabra; volar sobre ti, para aterrizar en vos, y no despegar jamás.

30 de mayo de 2010

Escapando

Vuela sobre un cielo abierto, flamea como una bandera, cree que nada lo detendrá, absolutamente nada, ¿se equivoca? No lo sé, pero él está seguro de que el porvenir será mejor, un tanto optimista, nada especial, o sí; todo puede cambiar, él lo sabe pero no le asusta, cree poder controlar cualquier situación. Yo no lo creo así, pero si el está seguro no habrá como hacerle cambiar de opinión. Por lo que único que nos queda es acompañarlo y mantenerlo en el camino, ese que lleva a buen puerto.
Desinhibido completamente, planea lanzarse por un abismo, pero no uno que tenga una caída, sino que quiere planear por los cielos, flotar. Va corriendo sin detenerse, pero llega al borde y se frena, se dio cuenta que no calculó bien el salto; entonces se propone volver a intentarlo, pero tropieza, su humor empieza a cambiar, sigue fracasando en sus intentos, y decide ir al borde del abismo, pero ahora para lanzarse al vacío... "No lo hagas" dice una voz, que llega desde lejos corriendo, y lo abraza, lo retiene y lo contiene. En ese instante, algo pasó por dentro suyo, esa voz lo estaba penetrando, lo estaba frenando del salto al abismo. Dio media vuelta y no encontró a nadie ni nada que estuviera allí, de pronto volvió a voltearse y alzó la vista, por algún motivo en especial que ni él ni nadie sabe todavía. Divisó en lo alto una estrella que, para sus ojos, brillaba más que las demás, tenía algo especial, fue ahí cuando (por primera vez) se sentó a reflexionar.
Pasó horas y horas contemplando aquel destello de luz en el cielo, el brillo de esta lo ponía en un estado de cierta alegría, añorando llegar a ella. La miró y la miró, no solo la miró sino que también la observó, cada uno de los detalles en ella, la encontró (como a todo en la vida) casi perfecta, pero no sabía como llegar a ella. Los días transcurrieron, y él, por las noches, salía a buscarla, a veces solo a mirarla otras veces le hablaba como si ella fuera a contestarle... y aunque no lo crean ella lo hacía, muchos creyeron que estaba loco. Su brillo le decía las palabras que el necesitaba oír, indiferente de que fueran lindas o feas, suaves o crudas. Aprovechaba de cada momento, como si fuese el último, pero de pronto algo se le cruzó por la cabeza, una idea alocada. Fue ahí donde sintió que el momento era ese, que debía hacerlo sin vacilar...
Salió por la mañana, recorrió la ciudad, miró cada uno de los rincones de ella, para ver como era esta; supuso que esta podía ser la última vez que la viera. Hacia el atardecer volvió al viejo barranco se sentó a observar algo lindo de la vida, el ocaso. Cuando este termino y el día se hundió en el horizonte, la estrella estaba allí, le sonrío, o eso es lo que él vio. Y ese fue el pie para moverse, tomó carrera y se lanzó desde el abismo a volar, hacia ella quería llegar. En pleno vuelo empezó a caer, pero un haz de luz lo elevó y él se aferró a la estrella, no la quería soltar. Ahí fue donde decidió volar, y que su porvenir iba a ser mejor de lo que era.

23 de abril de 2010

A punto de acabar

Otra dimensión, escapar. Un segundo, explotar. Un deseo, llegar. Una solución, ¿hay? El aire esta raro, es como si otras sustancias, que no son normales, lo invadieran. Una esencia rara atrapa a todo lo que flota en el aire, es tan difuso ver que ya no puede caminar. Ya no solo están sus piedras en el camino, sino que el aire se vició de piedras ajenas, por eso está tan oscuro y pesado. El momento que tantos esperaban llegó, el desalojo de la sangre propia está cerca, tan cerca que el sabor de ella se siente en sus labios. De un instante al otro la luz aparece y desaparece, pero es confusa... ¿es una guía o una trampa? De todas formas ya no sabe por donde pisar, porque no logra divisar la línea del camino, ese que él eligió.
El espacio que hay entre el destino final y él no es muy amplio, como el de cualquier otra persona, pero es necesario ser preciso en cada instante, en cada milímetro de ese espacio, para aprovechar lo mejor posible el camino. No nos alcanza el hecho de llegar, es poco, es nada quizás. ¿Amistad?¿Amor?¿Yo?¿Tu?¿Él?¿Qué no plantearse a esta altura del viaje? Todo está librado al azar, por suerte que ya lo eligió así. Y todo esto es tan ínfimo en cierto punto que debería dejar la bobera de lado.
"Basta, basta, basta, BASTA", la cabeza va a explotar. La máquina no da para más. El tren está a punto de descarrilar. Si no es capaz de controlar esto, lo que vendrá será letal. Un punto final.

13 de abril de 2010

Del pequeño bote en el Mar Obscuro del Sur

Hablaban de ser felices, hablaban de lo poco que tendría que durar la tristeza, hablaban de lo bueno y lo malo que es el amor, hablaban de que todo estaba hecho para probarnos, quizás. Soledad, dolor, tristeza, felicidad, satisfacción, seguridad, todo tan contrapuesto, todo malambo para bailar. Cada segundo: una pregunta; cada minuto: una respuesta; cada hora: una duda; cada día: una certeza. Las cosas giraban a su alrededor, su corazón palpitaba como ninguno, su mente flotaba en una nebulosa de sensaciones y sentimientos. Sabía que no tenía tiempo en su mente para acomodar los estantes, la biblioteca se venía abajo y cada libro que caía hacía a cada problema más complicado; era como un círculo vicioso, el principio era el fin, pero el fin era el principio de otro ciclo, y más que un círculo vicioso era un remolino vicioso, que absorbía todo para aumentar de tamaño. La bomba explota cuando el tiempo se acaba, los misiles estallan cuando golpean al objetivo, y el vaso simplemente se derrama cuando una gota lo rebalsa. El quiebre que da la regla cuando no se la puede seguir doblando era similar a todo.
¿Qué es lo que quieren de mí? Se preguntó David alguna vez porque no sabía el por qué de todos los acontecimientos. Nunca estuvo tan lejos del umbral como esa vez, nunca se sintió tan atraído por el dolor como en ese lugar, nunca, pero nunca, estuvo así. Era todo nuevo, lo es, y lo será. Nada se repite, todo es nuevo, pero los sentimientos, quizás vuelvan a ser lo mismo. Reventar una pared no es la solución, no, pero es abrir una puerta quizás... ¿quién lo sabe? Nadie puede tener la certeza, porque es algo que excede al pensamiento racional, es, quizás, algo más experimental por lo que los métodos y los resultados nunca serán idénticos en dos personas diferentes. Quizás todo empiece a explotar, como una bomba termonuclear, o quizás florezca el sol y la luna vuelva a ser tan brillante y tan hermosa como siempre.
Algo está por venir, es cuestión de esperar, pero mientras tanto suceden otras cosas, ínfimas para la realidad, importantes para su ser. Tan lleno y tan vacío a la vez, tan redondo y tan cuadrado como las mismas oposiciones de su vida. Cada camino implica ciertas piedras, que se pueden saltar, esquivar o a alguien se le puede ocurrir correrlas del camino. Todo carece de sentido cuando se habla de uno solo, de si mismo, pero a él le cuesta afrontar sus problemas de manera grupal. Su mente está atada a un sin fin de problemas, solucionarlos, es también un problema, pero ya no está solo, estamos todos en naufragar.

25 de marzo de 2010

Estrellas del nuevo cielo

Estando por allí nadie iba a pensar en nada más que en lo que sucedía. Una noche espléndida, una luna brillante colgaba de aquel nublado cielo, no parecían existir las estrellas. Uno tras otro iban pasando los fantasmas del recuerdo, las palabras del cielo en la tierra. Aquel infierno estaba encantador, envolviendo en sus llamas todo lo que había alrededor, amantes, hombres de bien (y de mal también), locos y cuerdos por demás que solo disfrutaban de ese momento. Nunca nadie imagino que dos almas podrían abrazarse a las estrellas desde un lugar donde el cemento y el pasto se juntan como hermanos. Nadie creyó en ese momento incondicional, donde lo que se veía era la pasión de un momento a otro, del carpe diem. Pasaban los segundos, pasaban los minutos, no se si han llegado a pasar las horas en ese bello paisaje de ciudad, uno que no se ve todos los días. Esqueletos paseando por la calle como aguas danzantes al ritmo envolvente de cualquier instrumento que se diera a conocer en esos instantes.
Pensar quizás era mala palabra, hablar era una acción necesaria, demostrar era algo incontenible. Un instante quizás bastaba para dar a conocer todo lo que allí pasaba, nada más, solo eso. Pero no, el tiempo decidió pasar, ¿para bien?, ¿para mal? No lo sé, nadie lo sabe, pero pasó. Un acorde atrae al otro, un compás sigue al otro, un pasito para allá, un pasito para acá, casi nadie pensaba algo diferente, todo era así. La mediocridad para algunos es normal, la locura es poder ver más allá. Locos por doquier, por aquí, por allá, allí arriba otro más, mientras profetas de botella colman el lugar.
Tuvieron un instante más, lo volvieron a tener. Se desprendieron un instante y recogieron los pedazos de pan que había por allí, centímetro a centímetro, segundo a segundo. El tiempo y el espacio los llevaban a descubrir cosas impensables, maravillas del nuevo mundo. De un extremo al otro el mundo era verde, uno nunca sabe por qué pasan esas cosas, pero suceden, así es como las rosas son rosas, y las margaritas blancas, porque todo va en uno mismo, en lo que tú quieras ver. Un poeta podrá contarte como se ven las flores, pero solo basta con salir de tu habitación para descubrir el bello aroma que estas tienen. Podrán arrancar todas las flores, pero nunca acabarán con la primavera.

5 de marzo de 2010

¿Fatal destino o hermosa libertad?

No crees en el destino pero estás esperando a que todo pase como si ya estuviera predeterminado. Creo que la vida no funciona así, es más, podría decirse que si das un paso atrás ahora sería predecible, porque siempre te paso, pero no, no crees en el destino. ¿Quién dice que las cartas no están marcadas ya y que solo somos pequeños espectadores que ven como se desarrolla el juego? Pero eso no iría con tus pretensiones, porque a vos te gusta más jugar, a demostrar lo que sabés hacer y lo que no, a tener la posibilidad de ganar y de perder... pero no lo demostrás. ¿Cuánto vas a esperar ahora?¿Otra vez vas a hacer el mismo juego?¿Creés que podés ganar?¿Cómo sería todo si hubieses movido las piezas cuando debías y no tiempo después? Ahora estás crítico, después de que pasan las cosas, somos todos genios. Nunca vas a saber que fue lo que ocurrió en ese instante, sí, ese del que siempre te preguntas, y del otro también... jamás lo sabrás.
¿Predecible? Nada fue predecible por lo visto, sino ganaríamos todo el tiempo, porque sabríamos que hacer en cada instante. Jugar con lo desconocido, eso es bello. Salir a descifrar pistas, los misterios que nos rodean son más bellos a cada instante que pasa, pero solo si sabemos jugar con la incertidumbre, porque las cartas marcadas no le sirven a nadie, solo al tramposo. Jodiste a todo Cristo y más solo por un poco de información, que a veces obtuviste de buena fuente, y otras veces te complicaron la vida, pero las cosas son así, si uno no se las arregla solo tiene que pagar el precio de la ayuda. Ese pequeño impuesto a la información que se debe pagar. Debiste mentirte a vos mismo para darte cuenta que las cosas no avanzaban de la forma en la que las planteabas.
Ahora ya nadie sabe que es lo que pasará, nadie te da una respuesta certera sobre tu futuro, eso está bueno. ¿Pensaste en eso? Creo que sí, que jamás vas a dejar de pensarlo, tu pequeño inconsciente no lo dejará librado al azar... nunca más. No voy a buscar más consuelos tontos si pasa algo malo esta vez, pensás y no dejás de planteartelo, crees que esto es un avance, quizás lo sea. La vida te educo de una forma, la muerte  y el dolor mucho más, esperando la felicidad, que no se encuentra a la vuelta de la esquina quizás, hay que buscarla un poco más... quizás en algún callejón sin salida este ella, esbelta y hermosa, esperándote.

6 de febrero de 2010

Botija de ciudad

Bañado en su propia estupidez él se queja de muchas cosas, pero no se da cuenta de todo lo que hizo mal. Una mujer, un amigo, un deseo, todos sus fracasos lo inundan en lo hondo poco a poco, sabe que no esta lleno, ni por un poquito, que a su vida le falta mucho. Deshonrado de si mismo, no consigue nunca sus objetivos cuando el lo desea, y muchas veces lo manifestó de forma errónea, un grito, un llanto, insulto al aire. Todos sus movimientos, efímeros, como la luz de un fósforo se encienden y apagan en un abrir y cerrar de ojos. Su dolor a veces crece, a veces se esconde, pero él nunca sabe si se lo podrá quitar de encima, tema difícil de afrontar. Las caricias que recibe no las siente ya, o quizás ya no reciba caricias de nadie, eso lo atormenta más. Cuando por las noches suda del calor lo único que puede hacer es pensar, pero su cabeza esta demasiado atosigada como para procesar información.
Nunca va a saber si la realidad es su imaginación y lo que imagina es verdad, porque los cuerpos entran y salen de esta habitación como las hojas que vuelan en un parque de Mayo. Todo lo que se debe, y todo lo que debe quiere pagarlo, pero a veces no sabe como, y le busca un "por qué" a su fracaso, pero no lo encuentra. Quisiéramos saber cuanto tiempo durará su pena, pero solo él va saber ponerle fin a todo esto, él sabrá cuando todo va a estar finalizado, cuando su ser este lleno, cuando todo a su alrededor. "¡Basta!", grita a veces, sin darse cuenta de que su grito lo oyen miles de personas, se acuesta solo en su lugar para pensar. Cuando se da vuelta encuentra a alguien que lo mira complaciente, con felicidad y preocupación. Su esmero por escuchar le dio la capacidad de hablar con serenidad, a pesar de sus gritos desgarradores de (¿inusual?) impotencia.
Al haber descubierto a esas personas que lo escuchaban como él a los demás, se dio cuenta de que la vida no está plagada de problemas personales, que existen otras cosas más importantes, de las cuales uno se puede preocupar. Cuando ese click golpeó su cabeza abrió los ojos, y vio que a su alrededor existían millones de cosas por las cuales preocuparse un poco más. También vio que la vida no solo es una tragedia y un drama, sino que también puede haber comedia, que te de nuevas ganas y energía. Encontró que el presente no es lo único con problemas, sino también el pasado, y sin embargo aquí estamos, tal vez, sobreviviendo. Un gran humorista alguna vez le dijo: "No te tomes tan en serio la vida, al fin y al cabo, no vas a salir vivo de ella.". Frase que a veces utiliza para consolarse, y que usa también para dar una moraleja a esa gente que solo piensa en si misma.

25 de enero de 2010

Blanca noche

Una noche como todas y dos almas que se encuentran y desencuentran, la miseria y el dolor se juntan en una sola sensación: deseo. Nadie sabía lo que podía suceder una vez que las luces se apaguen, por eso todos estaban expectantes de cualquier acontecimiento en la cercanía. Minuto a minuto la tensión, la impaciencia, la impostura crecía, solo querían verlos allí. Divagaban por sus humos, cantaban al unisono, insultaban, saltaban, festejaban, agitaban; en fin, se divertían. Cada minuto era más largo que el anterior, tal era la ansiedad que solo podían gritar para apaciguarla.
La máxima expresión de la solidaridad, compañerismo, ayuda se acercaba dando un golpecito previo, como para no tener que esperar tanto. Cantando sobre la vida, la insurrección, el dolor y la bronca del pueblo. Pequeños pero gigantes ahí arriba donde todos se sienten más chicos, a veces. Nada los detenía, pero su emoción era gigante, su posibilidad de estar ahí no la pagaban con nada. Los aplausos los hacían crecer, ellos se sentían, simplemente, felices o emocionados.
Una fiesta de razones, rock & roll, murga y folklore se acercaba, todos ansiosos la esperaban. Tan cerca, tan lejos, nada los separaba, solamente una masa de personas. Festejos, alegrías, amores, todo junto en aquél sitio que por momentos pareció muy pequeño para tanta fiesta. Saltaban, gritaban, cantaban, festejaban al unisono, con él o sin él. Desde Cuba hasta las Malvinas agitaron en sus letras, sin dejar en el medio a Japón, en un salto de alegría de la más linda pena. En un final bien finoli deleitaron a todos los buenos psicópatas que se encontraban alli, en medio de un mundo de enanos. Si no hay mal que por bien no venga, que bien te trajo hasta aquí...

10 de enero de 2010

Es así

Bruto e inexpresivo, quiso hacerle saber que la quería, solo eso, pero no encontraba aquellas palabras que encajaran justo para describir lo que sentía. Su afán era más fuerte que su falta de letras, él lo quería lograr y no había que lo pudiera parar. Horas y horas pensando en que palabras plasmar sobre aquel lienzo blanco, tan blanco que golpeaba a sus ojos, verdes que con el brillo parecían dos perlas. Sus fallidos intentos comenzaban a corromperlo, ya no lo toleraba.
Intentaba, pedía ayuda, se entregaba a ciertas sustancias para ver si podía lograrlo, pero nada, no había resultado alguno. Era como si su mano estuviese inmóvil, o las palabras no quisiesen expresarse y ayudarlo. Todo era en vano. Su mente seguía buscando encontrar algo, una imagen, una letra, un sonido, pero lo único que conseguía era desaliento. Pero fue ahí donde encontró la respuesta a todas sus preguntas. No cabía en su mente al principio, pero luego se dio cuenta que ese era el único camino que conducía a Roma. Abrió mente y alma para darse cuenta que las palabras son efímeras, pasajeras y para descubrir que el amor, la amistad y todo se demuestran con hechos, con simple acciones que lo conducían a encontrar las palabras para decir: Te quiero.

3 de enero de 2010

Amanecer

El día estaba tibio, la luna en su cuarto creciente alumbraba aquella hermosa noche. Caminaron sin cesar hasta alcanzar un buen sitio donde contemplar uno de los eventos más hermosos, cuando cansancio y despertar se juntan. Nadie estaba lo suficientemente sano como para contemplar ese momento en plenitud, pero se tenían fe, confiaban en si mismos, creían poder lograrlo. Algo anunciaba su llegada, un candor especial en el horizonte, la ansiedad aumentaba. Aquel pequeño brillo los ponía alegres, como si fuese la cosecha de una larga noche de siembra. Nada podría arruinar aquel momento, para ellos.
Nada estaba mal, eso parecía. Alguien, alejado de aquel pequeño grupo, decidió sentarse sobre unas rocas más frescas para contemplar aquél momento tan... ¿bello?. De por momentos se sentía una brisa fresca sobre su piel, los vellos se le erizaban. Pero algo pasaba por allí, no era aire fresco, era una sensación, a olvido, abandono, una desolación profunda en la que se le sumergía el alma. Un alma recorría aquél sitio de forma provocativa para él, pero a la vez se amigaba y se juntaba a su soledad para contemplar aquél luminoso momento.
Febo asomaba lentamente, sin apuros mostraba sus primeros rayos de calor, y ese grupo de amigos lo disfrutaba. Su candente salida iba limpiando las penas del solitario hombre, que poco a poco se fue alejando hasta adentrarse en las cálidas aguas matutinas para refrescarse. "El agua limpia las almas" pensaba una y otra vez, y así disfrutaba más y más aquella sumergida en la mar.