23 de diciembre de 2009

Tiempo... más tiempo

A veces la felicidad se ve opacada, a veces no la vemos, pero esta ahí. En los tiempos que corren la felicidad en mis aires era notoria, pero quizás el tiempo (el mismo que cura todo) volvió a jugar una mala pasada. Fue 1 mes, 4 semanas, 30 días, 720 horas, 43200 minutos, y unos cuantos segundos, los que separaron aquél augurio de este, que si bien son distintos, tienen la misma raíz.
Los días fueron pasando, altibajos, crecientes, amor, caídas, todo desenvolvía en dolor, los motivos, quizás, variaban, pero aquello también golpeaba fuertemente una y otra vez. Cuando parecía que todo era perfecto (o casi todo) el tiempo apareció para dar una lección. Imágenes volaban mi cabeza, mezclas de imágenes de un momento preciado, e imágenes que volvían a mí luego de mucho tiempo, dolor, solo dolor. Puede que un tanto lo efímero sea cuestión de práctica, quizás todo eso bueno sea capaz de sanar el dolor. La vida misma me enseño que de los golpes hay que aprender, y hacerse más fuerte, todo es una enseñanza.
Estas palabras no llegan a reflejar todo, quizás algo, pero es un (¿triste?) testimonio de alguien más, tan normal como vos. Por eso, sea donde sea que estés quiero decir que nunca te voy a olvidar y que siempre te querré como siempre te quise, a pesar de las peleas.
Una imagen vieja suena en mi cabeza, el dolor se mezcla con el amor, pero todo es mejor. Solo tengo un adiós.

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