23 de diciembre de 2009

Tiempo... más tiempo

A veces la felicidad se ve opacada, a veces no la vemos, pero esta ahí. En los tiempos que corren la felicidad en mis aires era notoria, pero quizás el tiempo (el mismo que cura todo) volvió a jugar una mala pasada. Fue 1 mes, 4 semanas, 30 días, 720 horas, 43200 minutos, y unos cuantos segundos, los que separaron aquél augurio de este, que si bien son distintos, tienen la misma raíz.
Los días fueron pasando, altibajos, crecientes, amor, caídas, todo desenvolvía en dolor, los motivos, quizás, variaban, pero aquello también golpeaba fuertemente una y otra vez. Cuando parecía que todo era perfecto (o casi todo) el tiempo apareció para dar una lección. Imágenes volaban mi cabeza, mezclas de imágenes de un momento preciado, e imágenes que volvían a mí luego de mucho tiempo, dolor, solo dolor. Puede que un tanto lo efímero sea cuestión de práctica, quizás todo eso bueno sea capaz de sanar el dolor. La vida misma me enseño que de los golpes hay que aprender, y hacerse más fuerte, todo es una enseñanza.
Estas palabras no llegan a reflejar todo, quizás algo, pero es un (¿triste?) testimonio de alguien más, tan normal como vos. Por eso, sea donde sea que estés quiero decir que nunca te voy a olvidar y que siempre te querré como siempre te quise, a pesar de las peleas.
Una imagen vieja suena en mi cabeza, el dolor se mezcla con el amor, pero todo es mejor. Solo tengo un adiós.

21 de diciembre de 2009

Ellos dos

-Sentirse bien- Decía él mientras su cabeza acompañaba con un gesto de aceptación.
-Puede ser, quizás lo vuelvas a experimentar, pero la primer vez es la mejor, a veces...- Respondía una voz lejana que quebraba el aire, solo un suspiro se sintió sobre estas palabras.
No decían nada más, como si la afirmación los hubiese dejado pensando al respecto. Y así seguían, inmóviles, duros, pensativos... Se miraban unos a otros, y esas miradas decían más que mil y un palabras, hasta que alguien intento romper el silencio, pero no lo logró porque el aire que entraba en su nariz no era el suficiente como para expulsar sonido alguno.
Unos se levantaron y se retiraron, despidiéndose con solo un gesto, sin necesidad de expresar palabra... Hasta que ellos dos necesitaron alejarse del grupo, y hablar más privadamente. Alejándose del grupo no sabían de que hablar, ella irrumpió el silencio con un tema simple, pero excelente para romper el hielo. Las horas pasaban, y ellos dos, solos, sabían que debían hablar del tema principal, pero no se animaban, podría ser miedo, ¿quién lo sabe?.
Pero no se resignaban a no hablar, tranquilos paseaban y hablaban, a veces se sentaban pero nunca dejaban de hablar. Solo a veces lo hacían, se miraban a los ojos, intercambiaban destellos de mirada y seguían hablando. Ciertas veces la situación era tensa, pero el tiempo y la razón calmaban todo, y así se fueron haciendo más fuerte. Nunca lo van a admitir pero siempre dejaron un mensaje en el otro, un te quiero que nunca se va a borrar...

12 de diciembre de 2009

¿Amor?

Raro. Confundido. Loco. Tonto. Mareado. Aturdido. Complicado. ¿Enamorado?. Inestable. Sensible. Frágil. Indeciso. Solo. Inútil. Desarmado. Desolado. Incomprendido. Incomprensible.
Me faltan palabras, me sobran adjetivos. No tengo las letras para describirlo, todavía. En algún momento será.
Espero que en algún momento el cielo aclare, para ver cual es el verdadero brillo del sol. Sino, que llueva toda la vida, hasta su final.

7 de diciembre de 2009

Opuestos y complementarios

Cuando uno se detiene en el tiempo, logra conectarse con ciertas partes que nunca lo había hecho. Puede conectar mente y alma, algo que, a veces, es como agua y aceite. Uno nunca sabe lo que puede suceder en esos momentos, ni como va a reaccionar, solo sabe que es un momento de paz, de reflexión de, quizás, el pensamiento del alma.
Nada queda librado al azar en la razón, pero el alma juega libremente, son opuestos y también complementarios. Bailan dentro nuestro cumbia y rock and roll, salsa y reggaeton... uno nunca sabe con que se va a salir el alma, pero la razón está algo encuadrada en movimientos predecibles, como una partida de ajedrez contra un partido de fútbol. Realmente no se sabe que es lo que el alma piensa, ni lo que siente la razón, todo un misterio, como si Bob Dylan hiciese canciones de amor y Elton John de protesta. No digo que lo vayan a hacer mal, pero no va a ser lo mismo que si Bob hiciese sus canciones de protesta y Elton las de amor.
Quizás todo en la vida tenga una razón, pero eso yo no lo sé, y no necesito saberlo. El azar, la espontaneidad, la libertad, son cosas que nadie me va a quitar. Y el amor es así, es espontáneo, libre y azaroso, nunca se sabe con que se va a salir. ¿Cuántos caminos debe un hombre recorrer antes de ser llamado hombre? La respuesta esta soplando en el viento...

1 de diciembre de 2009

El futuro llego

Un tiempo, eso es lo que me dijeron, solo un tiempo. No sé si podría esperarlo, pero que más da. Viaja feliz, el paisaje lo acompaña, lo lleva suavemente por el prado, lo eleva fuertemente por la colina, nada lo detiene. Un minuto, y el tren para. La siguiente parada no sé como se llama, solo se que está lejos, y no muchos se van a bajar. Cada vez estamos más apretados, pero felices, o creyendo serlo. El tren avanza las maderas que se colocan entre los rieles tiemblan al oírlo llegar, feroz avanza y no se detiene.
El tren arrimaba a la siguiente estación, y una señora subió llorando, no paraba de llorar. El viaje seguía y ella seguía hundida en su llanto, no quería oír a nadie. De pronto una voz se escucha desde afuera, un hombre venía persiguiendo el tren, cuando lo vio se alegró, pero era todo confuso, porque él ya no tenía fuerzas para seguir corriendo, y ella volvió a romper en llanto. No lo toleraba, me acerque a ella y le pregunte que le pasaba, pero no respondía, estaba inmutada por el dolor. Quise abrazarla pero no me dejó, unas palabras de consuelo no alcanzaban, creía que ya nada tenía arreglo. Pero nos conocimos, y tomamos confianza el uno con el otro, ella casi que había olvidado su pasado, pero le dije que no lo haga, pero que no echase a llorar de nuevo. Así viajamos, contando nuestras pequeñas historias de vida.
El viaje era largo, ya me aburría, pero esta nueva compañía me ayudaba a llevarlo mejor. Fue lo mejor que me pasó en ese momento, no tenía nada mejor, mis pertenencias habían sido olvidadas en un vagón al fondo, donde no me importaba mucho que estuvieran. Quise robarle un beso pero ella me lo negó, y me dijo "Me voy, adiós". Todo quedó encerrado en esas tres palabras y ese suspiro entre la segunda y la tercera. El vacío me llenó, la pena me invadió, nadie lo quiso creer, pero fue real. Se que todavía está en el tren, compartiendo historias con otros, y yo sigo buscando una nueva amiga con quien charlar.
El final del viaje se acerca, no quiero llegar todavía, aunque a veces si lo quisiera. Pero ahora todo es más interesante, ella me enseño que no debo buscar un solo camino, si no que explorar el campo puede traer mucho arroz de recompensa. Solo, en las últimas estaciones, no quiero estar solo.