1 de noviembre de 2009

La felicidad

En un lugar recóndito del alma estaba guardado, allí donde no lo podía encontrar, y pareciera que nadie lo podía sacar. Y cada vez el tiempo me daba más la razón, y la escondía cada vez más y más adentro. Ella gritaba por salir, todos gritábamos para que saliera, pero no la dejaban salir. Y allí estaba, escondida y dolorida, sin poder respirar.
Pero a veces lo que se va, vuelve. Tanto tiempo hubo que esperarla, que la creímos muerta, por lo menos yo la di por muerta. Lo tengo que admitir, me equivoqué, como tantas veces, porque la muy hermosa estaba escondida, pero a la vista de todos y estaba lista para salir. Las flores de primavera la acompañaban como si fueran sus mejores amigas, y la llenaban de un aroma abrazador que la hacía más hermosa todavía. Y cuando la vi pensé en lo bonito de la vida, en lo que muy pocos contemplan o pueden apreciar, fuera de todo prejuicio material.
Quería correr para abrazarla, pero a la vez me costaba, porque el dolor seguía, en cierta forma, allí. Pero sucedió que ella también corría hacia mí, y que desde atrás me empujaban y me ayudaban, lo que me dio seguridad y logré correr hacia ella. La abracé con toda la fuerza del mundo y me hizo volver la vida con mis ojos. Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón, dijo el Indio en uno de sus mejores temas.

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